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ROBERTO Y YAHAIRA SARRIA

PASTORES GENERALES

Roberto Sarria encontró la salvación de Cristo, el 8 de Julio de 1979, a la edad de quince años. Dios transformó la vida de un joven espiritualmente vacío. Semanas después en una vigilia, recibió el bautismo del Espíritu Santo y por mas de cuatro horas habló en otras lenguas adorando a Dios con sus manos levantadas. Dos semanas después, fue bautizado en agua, junto a sus hermanos y su mamá. El guarda fotos de ese lindo momento. En esos días, alguien le proveyó una biblia degastada, y curiosamente, el primer libro que leyó fue Apocalipsis. Mas tarde él expresó: Me sentí desconcertado al leer cosas impresionantes; ¡siete cabezas y diez cuernos!, ¿Qué es esto que estoy leyendo? no comprendía nada sobre apocalipsis. Yo le pregunté; ¿Y que te llevó a leer de primero, el último libro de la biblia?, bueno, respondió, como joven curioso, quería saber como terminaba la historia de los tiempos!!!

 

Algo que marcó para siempre su vida fue que para esos días, el famoso evangelista Yiye Avila celebró 21 días de campaña de sanidades en el estadio de San José Costa Rica. El y su familia se encontraban en ese país, refugiados por la guerra del 79 en Nicaragua. Ahí pudo ver grandes milagros, y según lo expresa; Sintió un fuego en su corazón. Desde la gradería miraba extasiado al predicador, y dijo con lagrimas en sus ojos; yo quiero ver a la gente ser sanada. A la hora de la oración por los enfermos, llevó en sus brazos a un bebé de una familia que estaba en la gradería, para que Dios hiciera el milagro del arco o la curva, ya que el niño era pie plano. Después de la oración, rápidamente quito los zapatos y calcetines del niño, y!!!!!!!, ahí estaba la sanidad!!!, el niño recibió el milagro!!! Roberto estaba feliz. Así que la noche siguiente le dijo a su papá que pasará adelante para que oraran por su columna. En un juego de beisbol, su papá había sufrido un encontronazo y algunas vertebras estaban fuera de lugar, esto provocaba que cada dos o tres meses, caminara torcido con dolores muy agudos, y tuvieran que inyectarle un relajante para que pudiese enderezarse. Aquella noche de campaña, su papá le dijo; hijo, yo no tengo fe; ¡pues yo si tengo! Contestó el. Lo persuadió, hasta que ambos pasaron. Desde ese día; han pasado mas de treinta años, y nunca mas su papá volvió a padecer de la columna. Pero en esas pocas semanas de su conversión, Roberto sentía mucho fervor por saber más y más de Dios. Dos meses mas tarde, volvieron a Managua. Gran parte de su familia se convirtió a Cristo, y juntos asistieron a la iglesia. Roberto practicaba el ayuno aún en días de clases cuando iba al colegio. Hubieron noches enteras que pasó cautivo leyendo la biblia, y por la mañana, apenas le alcanzaba el tiempo para tomar un baño e ir a clases.

 

Un año después de su conversión, fue invitado a predicar en un culto de barrio, esta actividad se realizaba los días lunes por la noche al aire libre. Esa noche antes de predicar, el oraba clamando a Dios que le ayudará, estaba muy nervioso a pesar de haber preparado el mensaje. Me dijo que al predicar, frente a el había una pequeña mesa con mantel en donde puso su biblia, y debido a eso, la gente no se dio cuenta que le temblaban las rodillas. Predicó con todo su corazón delante de 80 personas, y varios invitados respondieron al llamado de salvación. Esta experiencia generó en el; gran euforia por hacer mas trabajo espiritual, así que, cuando los jóvenes de su congregación rechazaban el compromiso de predicar, Roberto con gran entusiasmo, asumía la oferta. Agitado por la pasión, comenzó a visitar los hospitales. Semanalmente iba de sala en sala, para orar por cada uno de los enfermos, eran días en los cuales, era prohibido predicar el evangelio en los hospitales, así que debía de buscar una forma hábil para entrar. En una ocasión se acercó con gran fe a la cama de una joven que había sido operada para orar por ella. La joven le mostró una profunda herida en su costado, el sintió que toda la sala del hospital dio vueltas, y le dijo a la muchacha; regreso en un momento, pero el salió al pabellón para recostarse a la pared y tomar aire, porque sentía baja la presión, y ¡casi se desmaya! Tomo un segundo aire y volvió a la sala diciendo a la muchacha, ¡cubra la herida!, ¡voy a orar por su sanidad!

 

 

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Junto a otros jóvenes de su congregación todos los sábados evangelizaban los parques, para compartir las buenas nuevas. El quería predicar, y quizá no lo hacia tan bien, pero predicaba con el corazón. Me contó que un día, un hermano se le acercó y le dijo; hace unos meses le escuche predicar, y que horrible predicaba usted, pero hoy que lo escuche, veo que ha mejorado. Yo le pregunté a Roberto; ¿esas palabras te desanimaron?, No!!, al contrario, me sentí feliz que me dijera que por lo menos había mejorado mi predicación.

 

Debido a la escasitud de literatura, inició a escribir a diferentes ministerios para que le enviaran material de evangelización. Tenía un cuaderno con mas de cuarenta direcciones, y tomaba las tardes después de clases para escribir las cartas y enviarlas a los países. En cuestión de meses, su cuarto parecía una pequeña bodega colmada con muchas cajas de literatura. Esto le permitió apoyar a diferentes congregaciones proveyéndoles literatura. También visitaba las cárceles con otro grupo de hermanos, para predicar a los presos, y los bautizaban dentro de un barril. La predica de Roberto era muy dinámica, hablaba fuerte y se movía de un lado a otro tratando de capturar la atención de todos. Ya a los diecisiete años recibía invitaciones para predicar campañas de salvación. Alternaba sus estudios de bachillerato, con las predicas en las iglesias, pero por las tardes, le ayudaba a su abuela en la panadería. Junto a su tía, echando el pan en el valijero del carro, iban a varias empresas a vender. Me dijo; yo quería ayudar a la mamita (su abuelita).

 

Así continuó predicando en las iglesias, y organizando mejor su agenda para poder cumplir con sus estudios universitarios. Ya para esos días, ocupaba las vacaciones del colegio para ir por varias semanas a predicar en sitios remotos. A los diecinueve años, hizo su primer viaje misionero fuera de Nicaragua, fue un recorrido por toda Centro América. Al volver un año después, continuó haciendo viajes misioneros a las comunidades indígenas del atlántico, entre los Miskitos. Recolectaba ropa y medicina, para llevar ayuda a esos lugares remotos. Me dijo; hay muchas historias que mas adelante te voy a narrar, unas sorprendentes, y otras muy divertidas sobre los viajes misioneros.

 

A los veintiún años, el consejo nacional de pastores lo nombró, coordinador nacional. Recorriendo el país anunciaba actividades unidas, predicando y coordinando eventos. Ya para esos días, sus tíos y otros familiares habían organizado un ministerio de evangelismo; La Senda, así que ellos también llevaban las buenas nuevas por toda Nicaragua. Tenían una oficina bien organizada en el barrio Monseñor Lezcano, ahí atendían a la gente para orar, y desde ese lugar salían en misión a predicar. Roberto no ejerció su carrera de administración, por que la predicación se convirtió en su mayor pasión.

 

A los veinticuatro años viajó a Puerto Rico y predicó durante seis meses en muchas iglesias de la isla, fue ahí por primer vez, que apareció predicando en televisión. Antes de viajar, se encerró en siete días ayuno (solo con agua). Fue sorprendente la manifestación de milagros y sanidades que ocurrieron en su estadía en Puerto Rico. Regresó a Nicaragua a predicar una serie de cruzadas en diferentes partes del país, y centenares o quizá miles fueron sanados, y por no tener una cámara de filmación no pudo registrar los sorprendentes milagros, pero el va a escribir un libro, testificando los detalles del poder de Dios.

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